El vigilante (Peter Terrin)

Posted: 31 agosto, 2017 by Marilú

El vigilante (Peter Terrin)

Desde que leí la primera reseña de este libro me llamó la atención. Mi idea era la de dos guardias encerrados en lo que parecía un garaje (a juzgar por la portada). Me imaginaba algo un poco claustrofóbico, eso unido a que en el aparcamiento de las películas no suele suceder nada bueno. Con esas en mente me introduje en El vigilante.
Michel es quien nos guía por estas profundidades. Diría que tenemos cuatro frentes abiertos para la curiosidad del lector: 1. Los residentes del bloque donde trabaja, pisos de lujo con vecinos acaudalados y distinción de clases para hablar del servicio que los asirte, de sus costumbres y de sus propios ascensores, y por supuesto con quienes ni Michel, ni su compañero tienen permitido hablar; 2. La organización, una entidad que supone para el protagonista el eje principal para tomar decisiones, adoptando un supuesto código de conducta y casi moral, esta organización les envía el aprovisionamiento y poco más; 3. Harry, su compañero, alguien a quien conoceremos por sus actos y palabras, que comparte con el personaje principal los mismos desasosiegos y aspiraciones; y 4) la información o debería precisar, la desinformación. Accedemos a este sótano pensando en gente que realiza su trabajo como si tal cosa, con los parámetros habituales de cada día, sin embargo, algo sucede fuera, algo que el autor deja a la imaginación del lector, en la peor de sus cavilaciones, insinuando enormes catástrofes.
¿Sabéis de ese tipo de dinámicas de grupo en que ponemos a un puñado a pensar que se llevarían a una isla desierta, un bunker o para surcar el Atlántico? Generalmente se facilita un listado de objetos posibles y escogen, pues bien, aquí no hay opciones, ese parece el gran problema. Tienen lo que tienen, entre otras cosas, armas también. Artilugios que imprimen más peligro a la situación o más sospecha de que esto no puede finalizar en paz.
Ante este panorama la propuesta es ver que hacen dos personas aisladas en un sitio que cada vez parece un exangüe cubículo. Para la mente del lector está la salida fácil, huir, pero como decía, no sabemos que ha pasado fuera, dependemos de otros para nuestra subsistencia y para colmo de males nos han inculcado una estricta disciplina y normativa de actuación. Se masca la tragedia.
Me ha asombrado la capacidad de Terrin para hacer de Michel un observador sagaz y para reflejar el lenguaje interno del personaje, las disertaciones de mayor o menor lucidez que atraviesa. Hay momentos en esta novela en que no es tanto el espacio donde nos encontramos sino esa mente lo que nos hace sentir comprimidos. Perdemos un poco la ubicación, el norte y la brújula. Para volver a orientarnos  la novela se divide en tres parte que se agradecen para tomar un aire. Presenta 185 fragmentos correlativos de extensión variable, esto dota de gran agilidad al texto. A su vez, Terrin, utiliza un lenguaje muy descriptivo, preciso y repleto de metáforas. Hay una escena que tratándose de una película estoy casi segura que no hubiera visto en un acto de repulsión y cobardía.
Me encantaría hacer conjeturas sobre el personaje de Harry e incluso sobre la cordura de Michel pero no es de recibo ir destripando novelas. Puedo concluir esta reseña diciendo que es una lectura fácil de leer en su exposición pero a desentrañar en su contenido. He leído todo tipo de interpretaciones, e incluso, al final, se recogen unas breves líneas a modo de misión del texto. Sea como fuere es de esos libros que cierras físicamente y abres mentalmente, una novela que yo llamo rumiativa. Una obra que deja frentes abiertos y un espacio a rellenar. Michel escoge y el lector tiene opciones.

“Dice que lo que se exige a los vigilantes es sobrehumano: no hacer nada, esperar y mantenerse alerta. Una tarea prácticamente imposible. Se da por hecho que repelerán cualquier ataque. Si no ocurre nada, parecemos superfluos, incluso un estorbo. La gente nos toma por unos idiotas con pistola, peones intercambiables. Ellos (señala hacia arriba, hacia los residentes) no tienen ni idea. Se creen muy importantes, pero son pompas de jabón que sin nosotros estallarían a la mínima. Aquí (señala el hormigón entre sus pies) está le mundo real; él y yo, dice, estamos en él hasta el cuello.”

Peter Terrin  (El vigilante)

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