Silencio administrativo (Sara Mesa)

Posted: 1 marzo, 2021 by Marilú

Suelo leer la sinopsis de los libros antes de empezar y también después. Como quien coloca fe en el horóscopo, yo le pongo confianza a leer síntesis. En esa vuelta al resumen de Silencio administrativo, me sorprendo. No podría ser más concreta, ni decir más verdad.

Estamos ante un breve ensayo sobre la pobreza pero contado como la historia personal de Carmen. Es otra mujer (Beatriz) la que camino del trabajo, repara en Carmen protegiéndose en el alero de una sucursal bancaria. Se establece un vínculo entre ambas y la esperanza de poder ayudar a Carmen a salir de la vida sin hogar.

Lo más esencial sería tener un techo para vivir y un mínimo de recursos. En este sentido, la ley ampara y la prensa anuncia. Sin embargo, cuando la bienintencionada Beatriz comienza a tramitar papeles se da cuenta de los vericuetos y requerimientos múltiples que habrá que sortear. En este punto, cualquiera que tenga una mínima experiencia en asuntos burocráticos, ya sean presencial o telemática, tendrá plena conciencia del hurto a la serenidad mental que suponen. Pero no estamos en condiciones de comparar. Lo que está en juego no es un mínimo de tranquilidad sino el derecho a una vida digna.

Descubrir a Carmen es poner imagen y realidad a la existencia de tantas personas viviendo en calle. Es el impacto de dónde naces y cómo creces. La vida azarosa y difícil, con el resultado nada halagüeño de no tener para vivir. También es la diferencia entre “tipos de pobre”, ojo con este punto (que se aborda tan bien en el libro).

Resumiendo

Como digo, “Silencio administrativo” refleja la vida de una mujer sin hogar, enferma y discapacitada. Pero sobre todo, retrata a quien mira para otra parte, especula con el derecho de otros, elige ignorar o culpar al pobre de sus circunstancias.

No es un libro cómodo, ni una situación cómoda, ni una solución fácil. Ahora bien, lo que cuesta entender es que se desarrollen términos como la aporofobia: fobia a las personas pobres o desfavorecidas. Que surjan palabras “nuevas” para poner nombre a prejuicios. En definitiva, “Silencio administrativo” es una lectura lucida, necesaria y humana.

Pero el laberinto burocrático no es un ente abstracto. Es una maquinaria compuesta por personas con nombres y apellidos reglada por nombres y costumbres que imponen personas con nombres y apellidos.

Estas personas nunca deberían olvidar que los expedientes con los que trabajan, esas solicitudes llenas de datos y documentación, tienen que ver también con personas que no siempre pueden defender sus derechos.

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