El pequeño salvaje (T.C. Boyle)

Posted: 13 agosto, 2015 by Marilú

Editorial Impedimenta

128 páginas

Hace algunos años vi la película de Truffaut (1970) sobre el caso del niño protagonista y el doctor Itard. Conocía la existencia de otros libros a modo de informe pero mi sorpresa fue grande cuando hace nada recaí en que Impedimenta llevaba tiempo con este libro firmado por Boyle en su catálogo. Reencontrarse con la historia de Victor de Aveyron, un niño hallado en los bosques de Languedoc (Francia) a finales de 1797; o la fascinación que provoca hacer preguntas, dilucidar que por mucho que avancen los tiempos tenemos tendencia a hacer el borrico (sin intención de ofensa para con el cuadrúpedo).

Victor pertenecía a una familia humilde de la que se sabe más bien poco. La mujer de su padre no terminó de darle muerte y entre matojos abandonó a la criatura. En las condiciones que el bosque ofrece se desarrollaría el pequeño despojado de convenciones sociales, lenguaje o cualquier atisbo de contacto personal. Un buen día, cuando se le estiman unos doce años de edad, unos cazadores encuentran al niño. Capturas y huidas se suceden hasta que consiguen meter al pequeño por vereda y que consienta permanecer entre los miembros de su especie, la humana.

Esos que se hacen llamar humanos revelaran actitudes de todo tipo hacía Victor, desde el asombro, al miedo o la fabulación como si de una leyenda se tratase. Podríamos justificar tales reacciones a la falta de instrucción sin embargo entre los estudiosos tampoco encontraría una acogida, a mi entender, halagüeña.

Como caso era excepcional. Victor podría dar claves sobre dilemas filosóficos y morales largamente sostenidos. Por ejemplo la concepción de la tabula rasa. Virginal y puro para ser moldeado por el mundo social o por el contrario, que precisamente lo que doblega y desintegra nuestro ser es la sociedad. En definitiva Victor supone, sin paños calientes, un conejillo de indias.

“Ni el mismo habría podido explicarlo pues no poseía lenguaje, ni ideas, ni manera de saber que estaba vivo, ni que había un lugar donde vivía ni por qué. Era un ser salvaje, un atavismo viviente y palpitante, y su vida no se distinguía ne nada de la de cualquier otra criatura del bosque.”

La lectura narra de forma concisa, a modo de crónica histórica, la vida del que llamarían el pequeño salvaje. Vivencias, emociones, adquisición “cultural” y lenguaje. Logros que dejan de ser tales cuando te preguntas si era necesario hacerlo pasar por alguna que otra prueba. En este punto reside lo principal la posición hegemónica del ser civilizado sobre el salvaje. Además Boyle mantiene la distancia y excepto por una escena no pone fácil empatizar con el niño, cuestionando sus acciones y estado fuera de lo convencional.

Teniendo en cuenta que el caso se corresponde con una historia real me parece de obligada lectura para todo aquel interesado mínimamente por la enseñanza, el desarrollo o el papel de la sociedad. El texto refleja con fidelidad algunas de las escenas de la película homónima que menciono al inicio, a modo de revisionado, he leído el libro a sabiendas y me ha parecido una lectura fascinante por cómo está contada, elusiva a caer en lo fácil, algo áspera pero sin intención de dañar. Se lee de una sentada y posa por una eternidad.

“Tres días después ya estaba en París, aunque él no fuera consciente de que aquello fuera París. Solo era consciente de lo que veía, lo que escuchaba y lo que olía. Vio confusión, escuchó el caos, y lo que olía era más fétido que cualquier otra cosa que hubiera olido en todos sus años de vagabundeo por el campo y los bosques de Aveyron. Un hedor concentrado, penetrante: el olor de la civilización.”

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