Mujercitas (Louisa May Alcott)

Posted: 2 diciembre, 2016 by Marilú

Mujercitas (Louisa May Alcott)

Editorial Lumen
360 páginas

Detrás de cada palabra un significado ¡ojalá! detrás de cada palabra muchos sentidos, así mejor. Dice el diccionario Mujercita: mujer joven y me sonaba a diminutivo, la verdad, poca cosa hasta hace dos días, voz profunda, barba y cariño exclaman: ¡está hecha una mujercita! y asocié, carcajada grande y hoy sí, la repito para mis adentros y la susurro para mis afueras mujercita es una sonrisa y Mujercitas otra historia. ¡Feliz navidad!

En este año, en este blog, por esta vida han pasado mujeres, las que escriben porque ayudan, las que leen porque comparten, las que oyen porque están y dos, quienes me regalaron esta novela. No encontré mejor cosa que releerlas, a todas, porque la quería, si, la edición de Lumen y lo deseaba, también, una historia antigua en una mente dispersa y supongo que el tiempo, que hace olvido, o quizá el tiempo que da memoria, me hizo pensar que en estas fechas tan señaladas compartiría el salón con las March.

Y abriendo libro con el cuidado de las cosas valoradas encontré multitud de citas bajo firma, mujeres que referenciaban que si Jo tal, que si las hermanas cual y que si la señora March lo permite y tuviera a bien alguna quisiera ser una hija más. Yo, como tal, suscribo esta: Hay que leer Mujercitas al menos dos veces en la vida: de joven y de mayor.

—Sin regalos, la Navidad no será lo mismo —refunfuñó Jo, tendida sobre la alfombra.
—¡Ser pobre es horrible!—suspiró Meg, contemplando su viejo vestido.
—No me parece justo que unas niñas tengan muchas cosas bonitas mientras otras no tenemos nada —añadió la pequeña Amy con aire ofendido.
—Tenemos a papá y a mamá, y además nos tenemos las unas a las otras —apuntó Beth tratando de animarlas desde su rincón. 

El argumento es de sobra conocido, abre la mañana en que Jo, Meg, Beth y Amy echan de menos a su padre, quieren hacer algo por su madre y es casi Navidad. Están condicionadas por las circunstancias, una precaria situación económica que Louisa May Alcott utiliza para dirigir la mirada del lector a los valores que estima oportunos. Esta obra se consideró revolucionaria por romper con las guías de la vida de las señoritas. Digo esto porque a lo largo de su lectura he rescatado varias veces esta idea. A su vez ha sido, como tantas otras, algo perjudicada por publicaciones deficientes o tintes algo más cursis de lo que ya podría ser, porque sí, dulce es y tierna también.

El carácter edificante, familiar y moralista está más que presente. Motivo principal por el que diría que hay que releerlo de adulta, mis recuerdos aunaban a cuatro chicas y sus aventuras cotidianas. Con especial empeño en  Jo  que se corta la melena, nace en noviembre, escribe cuentos y llega a pensar que mejor ser hombre para no tener que pasar por, y ser mujer pues; entonces, por aquel entonces, yo quisiera, pero ya hace tiempo que no quiero, dejar de decir, que pasados los años moralina, consejos sensatos y alocadas ideas son lejanas (bueno, estas últimas no tanto) y me digo cuando el año va a cerrar: una mirada atrás.

En esta relectura -y debo señalar que no recuerdo la versión primera puesto que esta es la íntegra- hay personajes que me han caído del todo mal y  me he sentido del todo bien. Cambiar de idea, lo mejor. No pediría ser una hija más, quiero:

ir de visita
una carrera con Jo y Laurie (el vecino)
leer con ellas
quitarle la pinza a Amy
no voy a decir lo que pienso hacer con la pinza
abrazar a Beth
mudarme a la biblioteca del señor  James Laurence
sentarme en el desván con Jo
y darle otro final 

Ahí es nada, ya sé, es verdad, el tiempo hace olvido, da memoria pero también nos cambia, como lo hacen estas Mujercitas, mutan las estaciones, llega Navidad. Invito a no ser los mismos pero guardar lo vivido.

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