El libro cerrado (Jette A. Kaarsbøl)

Posted: 29 octubre, 2015 by Marilú

Editorial Lumen

590 páginas

¿Paciencia? Está aquí sentada, un día sí y otro también, y sin embargo no tiene paciencia. Espera. Siempre ha esperado….La vida: Una larga estancia en salas de espera cambiantes. 

Entonces, ¿puede decirse que ha vivido? 
¿A qué espera?, sentimos la tentación de preguntarle. 

Frederikke espera lo único que cabe esperar a estas alturas, la muerte, 

y aún con esta no tiene paciencia. 

Este es uno de los pasajes con los que su autora, Jette A. Kaarsbøl, nos retrata a su protagonista, Frederikke.  Fallecida en el invierno de 1933, junto a la ventana, con un libro cerrado que reúne los detalles de la vida que le ha tocado en suerte y que, como toda existencia, alternará felicidad y sinsabores, esperanzas y fracasos y como relevante y promotor de intriga para el lector, decisiones.

Frederikke forma parte de una familia de trazas conservadoras. Felizmente para su padre ya está prometida en un casamiento conveniente, no como la díscola de su hermana Helena, sin embargo, todo se pondrá patas arribas al entrar en contacto con los Faber y en concreto con Frederik (curioso que utilice el mismo nombre para los dos protagonistas en su versión masculina y femenina, algo que también se comentará en un diálogo durante la novela). //Si pensáis que hablamos de amor, lo podéis ir borrando// Soplan vientos liberales. Frederik propondrá una razonable vía de escape a  sus vidas, Frederikke se hará un lío y… habemus novela.  

Copenhague es la ciudad en torno a la que gira casi todo, por un lado la decrepitud de una Frederikke anciana desde 1932 hasta su muerte; y por otro, a modo de lectura del libro cerrado, los años que la atan a esa ventana, desde abril de 1875 hasta otro invierno, el de 1883. En definitiva, final de un siglo; y sabemos que pasa con los finales, que queremos empezar de nuevo, queremos más y mejor, queremos que de alguna manera todo cambie, y lo que hasta el momento nos convenía quizá sea hora de ponerlo en duda. Aunque…, no esperen detalles históricos, la novela cumple la función de ilustrar y entretener con los devenires de sus personajes. Esto es lo principal. Una novela cotidiana, de personajes muy bien caracterizados, donde se traduce un ambiente en la vida de sus criaturas de papel.

«Se da la pérfida circunstancia de que las banalidades no nos resultan banales cuando nos encontramos inmersos en ellas.»

De narración peculiar en ocasiones sorprende con alusiones directas al lector. Esto, lejos de sacarnos de la historia, permite valorar cada paso y encrucijada de lo que va ocurriendo e imprime al texto cierta sugerencia. Kaarsbøl aligera con alguna dosis de suspense aunque también usa la parsimonia. Un lenguaje cuidado, de factura impecable, con escenas muy visuales y algún giro argumental inesperado aunque de desenlace visible //si como el burro solo esperábamos ver la zanahoria//

El resultado es satisfactorio y como traba hay un pasaje que no termino de entender la finalidad. El impedimento mayor que le encuentro, la madre de todos los impedimentos para leerla, es que está descatalogada. Los interesados tendrán que hacer las pesquisas pertinentes para dar con él.

Frederikke no tendrá un carácter fácil, ni una situación halagüeña, pero sí una pesada mochila de convencionalismos. Por ello, cuando decida dar los primeros pasos hacia la libertad serán errados o quizá ilusos. Un novela con un deje nostálgico entre su páginas, el de quien lo intento y no pudo, el de la moralidad.

“¿Puede medirse el dolor? No lo oye con nitidez, sino como el débil eco de un mundo lejano cuando la puerta principal se cierra de golpe. [….] Sí, el dolor puede medirse… Frederikke sabe cuán grande es el dolor, no necesita abrir los ojos: mide exactamente ochenta por ciento noventa centímetros, exactamente el vacío que, como un abismo, se abre a su lado en la oscuridad.
Entonces ¿puede medirse la alegría? Sí. Esta mide unos ínfimos veintitrés centímetros, que corresponden exactamente al papel de carta que Frederik, un par de horas más tarde, cuando la primera luz de la mañana se ha colada en la habitación, descubre que ha estado todo el tiempo sobre la almohada a su lado. “

Jette A. Kaarsbøl (El libro cerrado)

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