Le llamé corbata (Milena Michiko Flašar)

Posted: 9 noviembre, 2015 by Marilú

Editorial Siruela

128 páginas

“Es difícil despertar a alguien que no duerme”

Permitidme que me salte el orden establecido en las reseñas. Fingid que alguna vez lo hubo.

Hace unos días mientras conversaba con una persona que vive en la calle mencionó un libro que había leído multitud de veces, El lobo estepario y me explicaba la disonancia que sentía a la hora de relacionarse y la necesidad de estar solo. Como no leí a Hesse, no hay puntada sin hilo, ni momento significativo del que rechace un libro, me lo llevé prendido en una nota mental. Contada la anécdota os invito a hilarla.

“Le llamé Corbata.

El nombre le gustó.

Le hizo reír.

Franjas rojas y grises en su pecho. Es así como quiero recordarle.”

La historia transcurre en Japón, Taguchi Hiro, un joven de veinte años, vive recluido en su dormitorio. Forma parte de un colectivo cada vez más frecuente por aquellas latitudes, los hikikomori.

Todos los males que padece el ser humano no son universales, algunos son una respuesta cultural, el que nos ocupa podría corresponderse en Europa con un tipo de fobia social, agorafobia..., en definitiva una intensa ansiedad que conduce a la evitación de contacto social y al aislamiento (Más información, aquí).

“Mi habitación continuaba pareciendo una cueva. En ella había crecido. En ella había perdido literalmente mi inocencia. Me refiero a que hacerme mayor impidió una pérdida. Uno cree que ha ganado algo. En realidad se pierde uno mismo.”

Volviendo a Japón, cada vez es más frecuente que jóvenes varones decidan confinar sus días a una habitación aislándose del mundo. A qué se dedican, varía, las causas, también. Hablemos del caso de  Hiro.

Nuestro protagonista decide salir a hurtadillas para convencerse de que la grieta de la pared de su dormitorio cumple la misma función tanto dentro como fuera, ha pasado dos años mirándola y un día cede a su deseo de variar de perspectiva. Se sienta en un banco conocido y es allí donde conoce a un salaryman (oficinista) al que llamará Corbata. La historia es contada siete semanas posteriores a la última vez que se vieron.

En un tono intimista Hiro nos relata los primeros compases de este encuentro, momentos en los que la observación e inferencia lo es todo. El mundo interior del chico desasosiega, paraliza, en definitiva retrata muchos miedos adquiridos.

“Encontrarse con alguien significa implicarse. Quedar anudado a un hilo invisible. De ser humano a ser humano. Nada más que hilos. En todas direcciones. Encontrarse con alguien hace que te conviertas en parte del tejido; precisamente esto era lo que trataba de evitar.”

Cuando rompen a hablar tampoco será sencillo. El oficinista abre la veda contando parte de los motivos que lo llevan con su almuerzo a ese banco del parque. Este paso abre la visión del lector. Las vivencias de ambos son un fardo de dolores y pérdida. Finalmente, un día, decidirán dar la oportunidad a que todo cambie y con espíritu optimista se cierra esta breve novela.

La forma utilizada por su autora es la concisión extrema, frases cortas, capítulos escuetos, lenguaje sencillo y empleo de símbolos. Grieta, hilos, corbata, bentō (ración de comida preparada para llevar) y otros elementos suponen la cadencia. Los mensajes inscritos engullen su trama para hablarnos de incomunicación, culpa, soledad, castigo y miedo a vivir. Mi admiración para quienes dicen tanto en tan poco, chapó.

Termina queriendo hacer posible lo que de corriente no lo sería (y un último coincidir es lo que chirría). En definitiva. Podemos estar solos, sentirnos solos, declararnos solos, pero al final deberemos tomar nuestra elección. Un poco más allá, ¿qué ocurre cuando se encuentran dos seres que dicen sentirse al margen de la sociedad que les circunda? Esta es una respuesta, la de Milena Michiko Flašar.

Empecé esta novela por azar, leyendo sin prisa para cerrarla sin dejar margen al tiempo, anudando hilos, dándome cuenta de que nada fue casual, que al igual que Hiro y el salaryman, el encuentro es una oportunidad, otra más, de cambio. Podría decir que se lee esta novela para saber del hikikomori, que se lee porque es bonita, que se lee porque tiene mucho de enseñanza, pero mejor digo que se lee porque se siente o simplemente porque no leíste a Hesse y te gustaría hacerlo, o mejor aún, digo que… anoche terminé esta novela.

“Da igual lo que sea, siéntelo de manera íntima y profunda. Siéntelo todavía un poco más íntimamente, un poco más en profundidad. Siéntelo para ti. Siéntelo para los otros. Y después: déjalo ir.”

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