La mujer de papel (Rabih Alameddine)

Posted: 28 agosto, 2017 by Marilú

La mujer de papel de Rabih Alameddine

Editorial DeBolsillo
320 páginas
Tras el inofensivo avatar de un erizo sonriente se repliega en el lado frío de su almohada (en busca del fresquito perdido) Tizire y se permite el lujo párrafo a párrafo de empujar el balancín de los deseos literarios y yo me dejé mecer… Hoy hablamos de Aaliya.
Todo el mundo cuando lee sabe que está expuesto. Un alguien prende una chispa que circula en la montaña rusa de cada letra y otro alguien sigue la pista del circuito y centellea con sus pautas. El misticismo irresoluble es el porqué unos son destellos y otros una hoguera, el azar es cómo uno llega y la suerte encontrarse en la predisposición adecuada. Hecho el sortilegio de las contingencias, el encantamiento definitivo es un conjunto de ítems fluorescentes: Metaliteraria, lector, marginada, ciudad, citas, títulos, nombres…. ¿Lo habéis sentido? es la llamada, el papel que tira, tritura y mira desde la estantería imaginaria. Casi puedes palpar antes de tocar.
La narración nos traslada al Líbano, a un apartamento de Beirut donde una señora de cierta edad con el pelo azul nos invita a echar una mirada algo furtiva a su vida. Nuestra protagonista vive sola pero convive con al menos dos armas, un rifle y la desconfianza. En contrapartida el refugio lo encuentra en la literatura, en su empleo en una librería, en todos esos escritores que la deslumbran. A golpe de citas, asociaciones, anécdotas de autores o la simple y llana admiración; una pasión algo disfrazada y cierto humor nos terminarán de encandilar.
Retornando a un momento histórico de pasado cercano donde la violencia estaba a la orden del día por causa de la religión. En la novela se nos reflejan disputas, sin hacerlo nada cruento pero reflejando los atropellos de unos y otros. A nivel más societal, el papel de la mujer también se ve claramente esbozado, así como la educación en el contexto o el ámbito cultural. Algo que para mi ha sido muy grato encontrar es no solo la semblanza de las vivencias de quien escribe, sino también un marco de la ciudad. En ese devenir algunos de sus pasajes aluden a la relación que las personas establecen con los lugares que habitan, apegos, desarraigos, transformación de las ciudades. Delineados con sutileza y reflexionando de la mano de otros tantos, es una voz, pero muchas otras, porque asomar asoman  nombres y algunos más que conocidos (Pessoa, Duras, Yourcenar, Marias, Calvino, Nabokov, Muñoz Molina, Hemingway, Keretsz, etc. etc.) Sin ser una obra maestra esta, nos calan.
Dispareja en su recuerdos y con alusión directa a un posible lector es un libro que nos habla. A un nivel técnico me ha parecido bien trazado y a un nivel más personal he ganado un personajeAaliya. Mujer fuerte en su fragilidad, engullida en cierta soledad deseada pero impuesta -por paradójico que resulte- me conmueve en muchos sentidos. En ese estrato de los que no son admitidos pero cuentan en su aislamiento con una capacidad de vislumbrar arrasadora. Es una pena y una alegría, un cariño que hacía tiempo no tomaba con alguien de papel. Por todo ello y quizás porque a cualquier lector el mismo acto de la lectura le supone un reflejo del aislamiento del que nos habla, a Aaliya se la quiere.
Con todo lo expuesto solo puedo dejar una impresión de las distintas capas que alcanza el libro, más allá de lo que estimaba como una lectura ligera, mucho menos de todo lo que he disfrutado entre sus páginas. La chispa de una reseña, la mano de La mujer de papel, el libro sobre libros y todo el algo más que la definen son flecos que la memoria susurró a quien escribe esta reseña, cosas se quedan sin decir, matices y pequeñas historias a desvelar. Si tuviera que sacarle un defecto enorme, diría que es la sensación de absoluta deuda que tengo con unos cuantos autores. Una vida y muchos libros. Una partícula, como ella.
“El mundo de William Borroughs o el Macondo de García Márquez son previsibles comparados con Oriente Próximo. Los londinenses de Dickens son más de fiar que los libaneses. Beirut y sus ciudadanos son famosos por su carácter imprevisible. Cada día es una aventura. Esta inestabilidad nos hace sentir, me hace sentir, un estremecimiento de emoción, de peligro, así como una gran carga de frustración. Un escalofrío recorre brevemente la espalda y el corazón se encoge.” 
Rabih Alameddine (La mujer de papel) 

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