H de halcón (Helen Macdonald)

Posted: 10 septiembre, 2017 by Marilú

H de halcón (Helen Macdonald)

En dos meses, creo, termina mi trabajo en la universidad. En dos meses no tendré despacho, ni universidad, ni salario, ni hogar. Todo será distinto. Pero, creo, todo es distinto ya. Cuando Alicia entró en la madriguera del conejo y llegó al País de las Maravillas, cayó tan lentamente que pudo agarrar cosas de los armarios y estanterías de las paredes, o mirar con curiosidad los mapas e imágenes que pasaban a su alrededor.

Nada es casual, aunque como me chirría prefiero decir: Las cosas llegan cuando tienen que llegar, en el momento justo, en el instante oportuno. Es una manera de aceptar lo que viene y también de satisfacernos cuando la dichosa casualidad se adhiere a ti, como si, de alguna manera, esas palabras hubiesen sido escritas, pensando, ¿por qué no? en que alguien en la otra punta del planeta, quizá tú, necesitara escucharlas (que se dice, leerlas) para despegar la vista del libro o simplemente, empezar a volar.
Esta es la historia de Helen Macdonald escritora, poeta, ilustradora, historiadora y profesora,  además de una experta en cetrería, además de la hija de un padre fallecido. También es la historia de un antecedente, un personaje oscuro (T.H. White), con tendencias algo excesivas e incluso a la crueldad. Alguien que por medio de su memoria y experiencia dará un respiro a Helen al leer un libro suyo (El azor). Lo extremo para volver al medio. La equidistancia.

Hay un tiempo en la vida en que esperas que el mundo esté siempre lleno de cosas nuevas. Y luego llega el día en que te das cuenta de que no será así en absoluto. Ves que la vida se convertirá en una cosa hecha de agujeros. De ausencias. De despedidas. De cosas que estuvieron allí y ya no están. Y te das cuenta además, de que tienes que crecer alrededor y entre los vacíos, aunque si alargas la mano hacia donde estaban las cosas sientas esa tensa, resplandeciente opacidad del espacio que ocupan los recuerdos.   

Es una lectura donde el paisaje ordinario se transforma en milagroso, es decir, de unas descripciones brutales. Lo curioso realmente es que Macdonald expone muchos conocimientos técnicos de cetrería y aunque soy una absoluta lega en la materia y el tema a priori no me interesa especialmente, consigue que lo dejes estar. Recalco este aspecto pero tiene de bueno, de muy bueno, cierto hipnotismo por lo personal. Lo que le falta para ser brillante es insistir en la mirada interior y tiene de malo, que cuando lo hace es tan sublime que al pasar lo echas en falta.
Este libro nos recuerda que el duelo está analizado, las fases establecidas pero lo súbito nos hace trastabillar, el segundo antes de, lo posterior a. Pese a las tendencias generalista que ordena el mundo y apacigua la necesidad de control, lo cierto y verdad es que cada cual es un mundo y cada mundo gestiona la pena según puede y llega. En H de halcón asistimos a los cambio emocionales de su autora, primero y principal, porque una llamada le informa de que ha muerto su padre y segundo y no menos importante, a la relación del primer año de adiestramiento de un ave rapaz. Hay dolor pero también dosis de liberación.
La pregunta que se instala es cómo acaba, qué determina el fin. En el tránsito experimentamos un equilibrismo entre lo salvaje y la humanidad. Este tipo proyección y de relación diferente es a considerar. Mabel, el azor que entrena, no es un lindo gatito o un perro bonachón, se trata de un ave de caza, dispuesta a descuartizar, matar y batir alas como si tal cosa. Quien observa, su testigo, puede experimentar sensaciones encontradas o incluso mimetizarse en el momento. Helen descontrola, vadea, regresa y vuelve, conectando poco a poco con el resto de “seres de su especie” y no por ello lo atávico deja de actuar.
H de halcón ha cosechado buenas críticas pero no creo que sea del uso y disfrute de cualquier lector, es lenta, busca introspección, es rara y yo cauta. Me encandiló esta novela, por singular, por todos los fragmentos que me llevé escritos y por la múltiple y sencilla casualidad de llegar en el momento justo.

Que el mundo está lleno de señales y maravillas que vienen y se van, y si tienes suerte puedes llegar a verlas. Una vez, dos. Quizá nunca más. Los álbumes de las estanterías de mi madre están llenos de viejas fotografías de familia. Pero también de otras cosas. Un estornino con un pico torcido. Un día de escarcha y humo. Un cerezo cargado de flores. Nubes de tormenta, rayos, cometas y eclipses: acontecimientos celestiales aterradores en sus ciegas distancias pero que también te aseguran que el mundo permanecerá, aunque tú seas solo un parpadeo en su camino.
Helen Macdonald (H de halcón)

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