Por favor, cuida de mamá (Kiung-Sook Shin)

Posted: 18 mayo, 2016 by Marilú

Editorial Grijalbo

237 páginas

Por favor, cuida de mamá casi no ha reposado en el estante, en una criba de primeras páginas quedé anclada en su primera línea: “HACE UNA SEMANA que desapareció mamá”.

Park So-nyo y su marido iban a Seúl a visitar a su hijo mayor. Ambos deben coger el metro y en el bullicio de la estación, con el andar apresurado, cuando uno quiere acordar lo que era  se transforma en fue. La madre desaparece y empieza la búsqueda por parte de sus hijos. Los rasgos físicos no concuerdan, la última foto no parece ella, estrictamente hablando puede que la desaparición tuviese lugar mucho tiempo antes, de eso va esta novela.

Kiung-Sook Shin utiliza cuatro voces para perfilar a esta mujer de sesenta y nueve años, campesina, analfabeta, ejemplo de entrega pero también de vigor, la misma que encarna una visión tradicional de la mujer en Corea del Sur. El enclave nos invita a conocer aspectos sobre la alimentación, costumbres y otros elementos culturales. Metidos en faena, pese a que la gran ausente es la gran protagonista, la familia deja vislumbrar sus entresijos. 

No pasamos el libro inquiriendo. Comienza una de las hijas, escritora, cosmopolita, de carácter ambivalente, representante del individualismo de otra generación. Abre la novela y tira del hilo, de la culpa, del recuerdo. Entremezcla momentos del presente en que organizan la búsqueda de su madre, con recuerdos del pasado y paralelismos subjetivos de la vida de ambas. 

La búsqueda continúa, le sucede el hijo, cuenta su versión, suma memoria a la imagen de su madre, resta culpa, otorga agradecimiento, toma el mando y se lamenta por lo que su padre no supo ver. Es este, el marido, quien nos habla en la tercera parte y por último ella. 

El estilo es muy sencillo, reposado, con imágenes llenas de sutileza y evocación, pese a ello, la historia es cruda, llegando a bordear la asfixia y lo dramático. No se recrea en el dolor pero son tantos los desplantes y la falta de atención por parte de la familia que me ha incomodado. Tanto es así que reconozco haberme salido de la lectura, tramos en los que se me hacia cuesta arriba proseguir y que (menos mal) se van alternando con algo de disfrute y secretos que ayudan a aligerar. Estaba deseando que la mujer cogiera la maleta y agur yogurt. Incluso haciendo conjeturas sobre el desenlace que es coherente con el resto (y no lo voy a criticar) me hubiera gustado que fuese otro. 

Una novela muy asequible en su narración con buenas intenciones, con un mensaje importante, sin duda, pero que se me ha hecho corta para lo pretendido y larga para lo que aparentaba. Pobre mujer… ¿de verdad era necesario hacerla pasar por todo eso? ¿de verdad los hijos son tan ciegos?

Así que así, molesta, terminé el libro. Busqué opiniones pero me di cuenta de que era minoría. De modo que leí entrevistas para saber que pretendía la autora. Me encuentro que no quiere hacer reproches a las nuevas generaciones pero sí recordar a los hijos la entrega de sus padres. Mensaje recibido. Mi opinión ha ido oscilando al respecto, desde el fastidio con lo leído, a la pregunta de por qué me incomodaba tanto. Esto no es necesariamente algo malo, debo añadir (soy de las que piensan que un libro que te cuestiona es mejor que uno que deja indiferente).


Lo he pensado, le he dado muchas vueltas, ahí voy. He llegado a la conclusión de que se excede, me creo que existan penalidades y que en el sorteo le toquen todas pero un poco menos habría sido un respiro para todos, pero lo que de verdad me supera es el clima emocional de los personajes, la culpa cuando ya es tarde, la sensación de ocasiones no aprovechadas. 
No me extraña que se llame Por favor, cuida de mamá, eso es lo que tendrían que haberle dicho a estos hijos, porque encima, como ya digo, el drama no es que se pierda en una estación, el drama es todo el tiempo que estuvo ahí y nadie la miró, desolador.  
Cuando pienso en Park So-nyo solo me dan ganas de decirle: vuela libre o quizá, de decírmelo a mi: vuela libre y pese a todo, aún nos cuesta.

Para ti, mamá siempre era mamá. Nunca se te pasó por la cabeza que un día habría dado su primer paso, o que había tenido tres, doce o veinte años. Mamá era mamá. Había nacido siendo mamá. Hasta que la viste correr de ese modo hacia tu tío, no caíste en la cuenta de que era un ser humano que sentía exactamente lo mismo que tú por tus hermanos, y ese descubrimiento te llevó a tomar conciencia de que ella también había tenido infancia. Desde entonces, a veces pensaba en mamá como niña, como adolescente, como recién casada, como madre que acaba de darte a luz.

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