Emily Dickinson

Posted: 3 junio, 2014 by Marilú

Este mes ocupa el puesto de escritoras únicas Emily Dickinson, autora de la que se ha escrito mucho por sus elecciones de vida. Empezando por la desaparición de casi todos sus documentos personales, escasas imágenes de la poetisa han sido avaladas por los expertos.

Nace un 10 de diciembre de 1830 en la medianoche, su padre era un abogado culto y austero además de miembro del congreso y Tesorero del Amherst College, fue precisamente en la academia de Amherst donde estudió Emily y posteriormente en un seminario en Massachusets, criada bajo una educación calvinista estricta antes reservada sólo para varones. Con su madre nunca se sintió ligada emocionalmente y fue la segunda hija de tres hermanos, siendo el mayor Austin y la menor Lavinia.

Tuvo clara su vocación y la asumió a conciencia a partir de los veintitrés años. Poco después, nadie, quizás ni ella misma, percibió que la joven Emily espaciaba sus contactos con el mundo exterior. Un ánimo cada vez más retraído fue haciendo mella y sus salidas reduciéndose hasta prácticamente la totalidad alrededor de sus treinta. Un aislamiento que en ocasiones no le era suficiente y dentro de la casa paterna también llegó a buscar los espacios más recónditos para recluirse.

En este tiempo y hasta el final de su vida, ocupó buena parte en la lectura de autores como Shakespeare, Keats o las hermanas Brönte. Lo más visible de este cambio también se reflejaba en su atuendo, ocupando el blanco de sus vestidos el color para el resto de su vida.

Retirada en la casa paterna su vida se tornó monástica, dedicada a labores hogareñas, a la escritura y anotaciones que ocultaba en sus cajones. Parece como si la exclusión del mundanal gentío se hubiese apoderado de ella y solo mantuvo contacto por medio de cartas. Entre estas destaca la correspondencia mantenida con el también escritor Thomas Higgison, el cual le aconsejó no publicar su obra ya que contravenía las convenciones de la época. Por el contrario, la novelista Helen Jackson insistía en que sí lo hiciera. Este hermetismo llegó a impedirle asistir a los funerales de su padre en 1874, ni de su madre nueve años después.

Las causas de su reclusión se sitúan en conjeturas, algunas aluden a su extrema sensibilidad, timidez, mal de amores, epilepsia, incluso cierto tipo de fobia o a una profunda depresión. Lo cierto es que un halo de misterio rodea la figura de la autora siendo múltiples las pesquisas sobre su biografía y muchos enigmas aún por resolver. Llegó a afirmar: Trabajo en mi prisión y soy huésped de mí misma.

Existe mucha habladuría respecto a sus amores e incluso se le atribuye algún hombre casado. Una de las relaciones más destacadas fue con un pastor presbiteriano, Charles Wadsworth, vínculo tormentoso, a distancia y que la hizo centrarse en su poesía en busca de cierto refugio y que llega a producirse por una de sus escasas salidas en compañía de su hermana a Washington (era tratada de la vista).

Fallece a los 55 años (15 de mayo de 1886) por causa del mal de Bright (una nefritis crónica). Tras la muerte su hermana Lavinia descubre entre sus pertenencias cuarenta volúmenes inéditos con más de 800 poemas, en vida solo verían la luz cinco de ellos. Entre esos escritos curiosamente muchos se encontraron en trozos de papeles, sobres usados o la parte de atrás de recetas médicas.

Lavinia quemó toda su correspondencia y los poemas quedaron a cargo de la esposa de su hermano, la disputa de hermana y cuñada sobre la edición y publicación de estos fue larga. Todo lo demás, incluso cualquier retrato de ella, fue objeto de desaparición.

Encumbrada su poesía a niveles de escritores como Edgar Allan Poe o Walt Withman, los expertos subrayan el valor intelectual de su poesía creando un lenguaje a la vez metafísico y emotivo. Abundante producción donde destaca la concisión en sus poemas, se han catalogado según temáticas y destacan los escritos en torno al tiempo y la eternidad.

De ella dijo Jorge Luis Borges: «No hay, que yo sepa, una vida más apasionada y solitaria que la de esa mujer. Prefirió soñar el amor y acaso imaginarlo y tenerlo».

Reto Escritoras únicas. Autoras de mayo:

En Lo que leo lo cuento: Elizabeth Hardwick

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