El cuaderno dorado (Doris Lessing)

Posted: 14 enero, 2019 by Marilú

DeBolsillo, 864 páginas

Emprendí la lectura de El cuaderno dorado en diciembre, a sabiendas del número de páginas, con la extensión ilimitada de catorce días de vacaciones. El “cuaderno” duró una semana, la cavilación otra.

Abre la edición DeBolsillo un prefacio firmado por su autora en 1971, texto que merece mención aparte por el contenido y la vigencia de sus reflexiones en cuanto a la lectura, la escritura y los bobos en general. También sirve (cometido principal) para conocer las intenciones de la autora con su obra. Concluye Lessing que un libro es de quien lo lee por más que una lo escriba. Sirva esta reseña para explicar a donde pude llegar como dueña y señora de mi ejemplar.

ESTRUCTURA Y PERSONAJES

El libro se divide en cuatro secciones, inicia cada una de ellas la “novela” llamada “Mujeres libres”, le siguen en cada caso fragmentos de supuestos cuadernos, en colores diferentes y con pretensiones distintas.

 

“Escribo cuatro cuadernos, uno negro, que está relacionado con Anna Wulf como escritora, otro rojo, que trata de política; uno amarillo, en que invento historias basadas es mi experiencia; y otro azul, que intenta ser un diario. (pp. 625)”

Todo ello (Mujeres libres y cuadernos) se concentran en torno a un personaje, al que consideraremos principal: Anna Wulf, una mujer escritora que tras el éxito con la publicación de una novela “Las fronteras de la guerra” vive un bloqueo escritor.

La escritora vive junto a su hija, en un piso que le cuesta mantener y comparte sabores y sinsabores de la vida con su amiga Molly. Ambas se consideran mujeres libres y citando textualmente sabemos de ellas: “que las dos carecían de “seguridad” y de “raíces (pp. 37)”  y que […] Las personas como Anna, Molly, y todo ese grupo no son una cosa, sino muchas. Y saben que podrían cambiar y ser algo diferente (pp. 70) […] 

Por carecer de pareja estable, por vivir al margen de la convención social, manteniendo, así mismo, relaciones con hombres descritos desde un punto de vista menos convencional Lessing escribe desde la verdad de estas mujeres. No hay que perder de vista que la presente novela fue publicada en 1962.

“Creo que estoy viviendo un tipo de vida que las mujeres todavía no han vivido nunca (pp. 620)”

LOS TEMAS

Por otra parte, una de las temáticas abordadas por Lessing es la política. No podría entenderse este libro sin una posición en el amalgama de valores y voluntades, cito textual: “En fin, yo también era así antes de ingresar en el Partido y de encontrarle un sentido a mi vida (pp. 236)”. Su protagonista vaga y divaga sobre su afiliación al partido, una afiliación y enfoque sobre el que se cuestiona en numerosas ocasiones, impregnando el libro de tribulaciones sobre el activismo.

Cambiando de asunto, Lessing también se recrea en el oficio de escritora, entreverando ficciones y actos vividos, que se analiza en páginas, en la asistencia a terapia, en un popurrí de recortes, apuntes, cuentos e ideas que aíslan y proporcionan confort y caos. Anna Wulf vive un bloqueo que impacta en el resto de esferas vitales.

Tú tienes miedo de escribir lo que piensas sobre la vida, porque puede que te encuentres al descubierto, que te desenmascares, que te encuentres a solas” (pp. 73).

A su vez, asoman afirmaciones relacionadas con el rol de las mujeres en las que se reproducen estereotipos, valgan como ejemplo: “Claro que te expresas bien. Una persona tan guapa como tú, ¿cómo puede expresarse mal? (pp. 139)”, “Con Willi aprendí por qué a tantas mujeres les gusta que las maltraten. Era humillante y yo luchaba por no aceptar la verdad (pp. 149)” “Muchas chicas oficialmente guapas, por decirlo así, poseen ese don de dejarse tocar, besar y abrazar, como si ello fuera el precio que deben pagar a la providencia por haber nacido guapas. (pp. 154)”.

De todo, lo más brillante (en mi lectora opinión), es como plasma Lessing esos estados ambiguos entre lo que se siente, se piensa y no se termina de dilucidar. Ocurre en más de una ocasión, la autora capta los desordenes de sensaciones, los atrapa, los deja por escrito, una polilla en frasco, un extrañamiento y una proeza que se deja admirar.

Si me planteo qué me voy a poner, quiere decir que en el fondo deseo ir. ¡Qué raro! Tal vez sí me apetece ir. Al fin y al cabo, siempre lo hago; digo que no a algo, y luego cambio de opinión. Lo importante es que, probablemente, ya lo he decidido. Pero ¿qué? No es que cambie de parecer, sino que, de pronto, me encuentro haciendo algo que he dicho que no haría. Sí. Pero ahora no tengo ni idea de lo que he decidido (pp. 243).”

CONCLUSIÓN

El cuaderno dorado es una lectura de largo recorrido. Una obra que requiere placidez y lápiz accesible (lapisito, para los cercanos). Habrá momentos de hastío, tramos en los que recordarás sus iniciales palabras:

Y cuando la trama, el modelo y a la vida interior de un libro están tan claros para el lector como para el propio autor, quizá haya llegado la hora de echar a un lado el libro, como si ya hubiera pasado su momento.”

No será el caso, al menos no fue el mío, no salí de esta lectura con la claridad meridiana. Eché el libro a un lado con la experiencia vivida, con lectura de instalación, con la pretendida esperanza en que este libro no tiene un momento, sino varios, con al placer de haber dejado una impronta de subrayados, sabiendo que en otro asalto este libro me pertenece.

“Las cosas que resultan importantes en la vida llegan sin que una se dé cuenta; no se las espera, puesto que no han cobrado forma en la cabeza, Se las reconoce después de que hayan aparecido. Esos es todo.” (pp. 625)

No Comments

Leave a Reply