Dorothy Parker

Posted: 26 marzo, 2014 by Marilú

Transcurrido marzo y continuando el descubrir a nuestras escritoras únicas, hoy vengo para hablar de Dorothy Parker, autora que ha irrumpido en mis lecturas para robarme muchas, muchas sonrisas. Pase adelante la protagonista del mes.

DOROTHY PARKER

Dorothy Parker nace en Nueva Jersey un 22 de agosto de 1893 aunque fue algo fortuito, ya que el parto tuvo lugar en unas vacaciones familiares y ella siempre se consideró neoyorquina hasta la médula.

Hija de padre judio de origen alemán y madre cristiana de origen inglés. Rothschild era su apellido y pertenecía a una clase media emergente, trabajadora y de pocas inquietudes culturales o estéticas. Su padre, magnate menor de la industria textil, fallece antes de la mayoría de edad de Dorothy dejando a la familia en la ruina, decidida sale con dieciocho años al mundo  dispuesta a hacer su vida.

Da sus primeros pasos autónoma dedicándose a tocar el piano en algún garito y consigue vender un poema a Vogue donde termina trabajando por una miseria redactando pies de foto y haciendo comentarios sobre la vida social. Un año después la contratan en Vanity Fair donde cambiaría su mundo al codearse con el escritor Robert Benchley y el crítico de cine Sherwood, este trío de amigos irían abriéndose camino y ganando su hueco en todos los saraos.

Por aquel entonces su objetivo era divertirse por todos los medios a su alcance y el cuartel general, el hotel Algonquin, un lugar sin pretensiones donde iban a comer. Llegando a formar un Club literario que fue la tertulia más sofisticada de Manhattan y donde no faltaban manos de póquer y charlas. Un círculo en su mayoría masculino, donde la autora no desentonaba. Todos estaban fascinados con la que llamaba Onán a su canario «porque esparcía sus semillas por el suelo», que se entretenía componiendo epitafios para su tumba como «Disculpad mi polvo», o «Si logras leer esto es que estás encima de mí».

Además, tiene lugar su primer matrimonio con un corredor de bolsa, Edwin Pond Parker II, del que tras enfados, separaciones, reconciliaciones y múltiples amoríos se separaría. Ambigua respecto a su origen judío, llegó a afirmar en tono de broma que se casaba por mudar el apellido.

Lo cierto, en aquel momento de su vida, era que antes de los 25 se la consideraba la mujer más ingeniosa de América, escribiendo columnas periodísticas y siendo admirada por su animada vida social, boa al cuello y una frase siempre al punto. Aunque, lo bueno, no siempre dura.

En 1920 la despiden de Vanity Fair, tiene desencuentros por su mordacidad con productores de Broadway y su matrimonio se va a pique. Además, un par de años después, tras un breve romance con Charlie McArthur saldado con un aborto se produce su primer intento de suicidio.

Parece abocada a una vida en declive, su imagen de musa irónica se desvanece, sus poemas se tornan más sombríos y los relatos destilan amarguras. De nuevo intenta suicidarse a base de somníferos e ilesa, en 1925 se retira del mapa un tiempo. Hasta que aparece en su vida Seward Collins, director de The Bookman, una de las mejores revistas literarias del momento, el cual cae rendido a sus encantos y se la lleva incluso a la Costa Azul donde conoce a Dos Passos, Hemingway o Scott Fitzgerald.

Además del amor recién llegado, uno de su trabajos literarios le reporta ventas y beneficios. Dorothy parce reconducida, deja de beber y llega obtener un premio por su relato Una rubia imponente.

A nivel ideológico encarna una mujer feminista  (un claro anticipo del radical chic) a la par que culta y refinada. Otro dato muy original de su biografía revela que casi siempre vivió en un hotel, libre de ataduras, pero con los sombreros más a la moda y un buen servicio de habitaciones, para poder pedir whisky de madrugada. Perteneció y defendió la generación de escritores que se mantuvo lejano a París y permaneció en América. 

Aunque resulte algo desconsiderado, también hay que añadir que en 1926 anduvo por Europa y detestó España, ella quería más a los animales que a las personas y cuando la llevaron a ver toros salió muy disgustada. Esta percepción mejoró años más tarde, cuando vuelve a nuestro país durante la Guerra Civil a defender la causa republicana. Sí, porque otra cosa que tuvo siempre Dorothy muy presente es su declarado izquierdismo y nos dejó un cuento sobre milicianos en Valencia. .

En 1933 se vuelve a casar, esta vez con Allan Campbell, un nuevo comienzo de su vida, o deberían decirse vidas, ya que si hasta el momento ya había pasado por muchas andanzas, lo que resta incluye nuevos intentos de suicido y una soledad cada vez más sentida. De 1957 a 1962 escribió en la revista Esquireaunque de manera un tanto errática, debido a sus problemas con el alcohol. Finalmente Allan Campbell fallece y ella pasa a ser la dama que cuenta a los jóvenes periodistas la vida de los años veinte.

Murió de un ataque cardíaco en 1967, a los 73 años, en Nueva York. Sus cenizas reposan en NAACP (Asociación Nacional para el Desarrollo de las Personas de Raza Negra), bajo el epitafio: «Excuse My Dust» (“Perdonen por el polvo”) y como dato curioso, se cuenta que en su testamento apareció un cheque por veinte mil dólares, que legaba a Martin Luther King.

Entre sus escritos encontramos artículos para Vogue, crítica literaria y teatral en Vanity Fair y en The New Yorker y tres volúmenes de poesía. Una de sus obras, Una rubia imponente ganó el Premio O’Henry al mejor cuento del año. También realizó varios reportajes desde España durante la guerra civil y escribió guiones para películas junto con su marido Alan Campbell.

Dicen que en Dorothy Parker encontramos una forma moderna, más malévola, de la ironía y la sutileza femeninas que caracterizaron a Jane Austen y sus heroínas. En las Notas del editor del volumen publicado por DeBolsillo Narrativa completa (del que hablaré en una reseña) se nos dice: Irreverente con todo lo sagrado, desde las relaciones amorosas a la maternidad pasando por los tés literarios y los estereotipos étnicos, los relatos de esta escritora son traviesos, dolorosos y conmovedores a la vez. […] Su humor intimida a algunos lectores, pero sólo huyen de él aquellas personas a las que la escritora no habría podido soportar de estar viva.

Enlaces de interés:

Reto Escritoras únicas

Autoras del mes de marzo:

En Cazando estrellas: 

En Lo que leo, lo cuento: arker

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