Del color de la leche (Nell Leyshon)

Posted: 18 julio, 2017 by Marilú

Del color de la leche (Nell Leyshon)

Editorial Sexto piso
184 páginas
Escribo esta reseña con mis dedos, pulsando teclas, no con pluma y tintero, estamos en el año dos mil catorce pero hay cosas que no cambian. No seré pesimista porque no es mi naturaleza, diré primero las buenas nuevas, todavía hay libros que sorprenden y sacan brillo a historias trilladas como si fueran nuevas. Eso es bueno. No descubro América y ya puestos, especifico, hablamos de un libro ambientado en la Inglaterra rural. Bien, creo que con eso empiezo la reseña, con mis manos, mi voz y sus mayúsculas. En esta lectura las letras después de punto siguen siendo pequeñas, este asunto, meramente formal será de lo poco que no me termine de cuajar de la lectura. El resto es Mary.
Mary escribe con su mano, en el año del señor de mil ochocientos treinta y no lo dice una, ni dos veces, lo recalca. Debe que recordar y hacértelo saber, está contando, necesita tomarse su tiempo, hacer algún receso… como el que necesité al terminar de leerlo, deambular por casa, comer algo que me hiciera volver en mi y sentarme a usar mis manos, aún sin saber desde donde, ni para cuando. Simplemente porque me salía a borbotones, no quiero decir qué, ni cuáles son los sentimientos que me despierta. Si lo tecleara, tal vez sería avanzar y no me parece justo, al igual que dice ella al inicio:
quiero contarte lo que ha pasado pero tengo que tener cuidado de no apresurarme como hacen las vaquillas en la entrada, porque entonces iré por delante de mí misma y puedo tropezarme y caerme y de todas maneras tú querrás que empiece por donde se debe empezar.
 
y eso es por el principio.
Vive en una granja con sus padres, hermanas y el abuelo. El cabeza de familia es infame, lo notas desde el principio, las hermanas se retratan, la madre como si no estuviera y el abuelo, parece su persona favorita, por eso llegado un punto, lo diré.. me da mucha pena, mucha, mucha y para completar la desdicha, tiene una pierna mala.
Y hasta aquí, podría pensarse que es digna de compasión pero su carácter tampoco lo permite. Es una mujer fuerte, con quince años pero mujer. Quien lo lea… quién lo lea podrá comprenderme y ha llegado la hora de hablar de las cosas que no cambian y que no son buenas. Mucho de injusticia e indefensión, supongo que pensar en ellas te hace sentir despreciable, básicamente lo de siempre, somos humanos y humanos somos, valga la redundancia.
 
“esto es porque padre nos necesita aquí en la granja para hacer todo el trabajo y no puede permitirse que estemos en otro sitio, en un colegio aprendiendo cosas que no podríamos usar, porque quién necesita aprender a leer palabras y a escribirlas cuando tiene que estar recogiendo piedras del suelo y metiendo la leche en un cubo. y ordeñando a las vacas y metiendo la leche en cubos.”
Dejando ideologías o discursos, este era el destino de Mary, ser un granjera, la piedra de toque serán las letras y… a veces, a veces ¿salvan las letras? ¿la tinta? juzguen ustedes. Yo… destaco lo mejor de la historia, dice mi mano que es la voz narradora, el personaje que perfila, los diálogos, el manejo de la información, la franqueza y la sensibilidad. Hago un alto, no es aquella asociada al ñoñerismo, podría ser de todo menos ñoña nuestra Mary. Como dije, de carácter, apasionada y agridulce. Tocará cosas feas, brutas, delicadas y risas, también habrá risas. Ahora bien, además de su problema en la pierna, no sabría decir (y esto es una apreciación muy subjetiva) si la autora bosqueja algo más. Su hermetismo emocional y narración me hacen plantearlo, aunque exista ese contexto. Por poner otra pega, hay algo que puedes intuir en el desenlace pero no importa…
Sea como fuere, hay que conocerla y esto no lo dice mi mano, la que escribe a base de toquectitos en las teclas. Lo dice un músculo instalado en mi cabeza, no es realmente un músculo pero dicen que viene bien ejercitarlo y también lo dice otro, instalado más abajo, latente, más que hablar, bombea. Y lo dice mi boca y me callo porque lo he dicho todo y todo es que pese a estar contada y argumentalmente trillada, en el cómo me ha ganado, tengo manchas en los dedos.
Seguimos en el año dos mil catorce recogiendo las tintas derramadas.
 
“y si pudiera detener el tiempo, eso es lo que haría y me quedaría en aquel momento para toda mi vida y para siempre.
pero un momento no puede durar para siempre.”
Nell Leyshon (Del color de la leche)

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